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Villa Teresita

365 DÍAS AL AÑO AL LADO DE LA MUJER MARGINADA

VT V.T

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En medio de situaciones de marginación y pobreza, queremos ser una puerta abierta a la esperanza, anunciando con alegría que elevangelio es vida, sobretodo entre l@s mas sencill@s y pequeñ@s, entre l@s preferid@s de Dios.
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Compartir tanto recibido

“ No es por la manera en que un hombre habla de Dios, sino por la manera en que habla de las cosas terrenales, como mejor se puede discernir si su alma ha pasado por el fuego del amor de Dios. Ahí ningún disimulo es posible...” (Simone Weil)

Inmaculada Soler Giménez inmasolerg@yahoo.es

Compartir lo que se vive, lo recibido, sin más, porque no me pertenece, es el único motivo que me ha llevado a aceptar escribir estas líneas. Hoy me toca a mí, otro día puedes ser tú, cristiano y cristiana en camino, como yo, que has bebido de la reflexión teológica de otros y otras, y no tienes palabras para expresar cuánto les debes....

Tengo 33 años y me siento en la plenitud de la vida, agradecida, profundamente agradecida ¡he recibido tanto! Cuando releo mi vida tengo la sensación de haber vivido mucho, con intensidad, con pasión, quizá no sé vivir de otra forma. Me han amado mucho y he amado mucho. Me he gastado a veces hasta el riesgo de romperme y he experimentado, ¡cómo no!, mi impotencia, mi propia pequeñez, y pecado.

Vivo desde hace 16 años en la Comunidad Villa Teresita, junto a mujeres que han sufrido situaciones de pobreza y exclusión: prostitución, malos tratos, cárcel, droga,... Compartiendo, en comunidad, casa, pan, luchas y vida con ellas. Saliendo a los barrios de prostitución, parques, calles, cárcel, hospitales... para entretejer relaciones de amistad y liberación. Ése ha sido mi lugar, el que me ha ido configurando como creyente y mujer.

“ Seducida, arrastrada, llevada por su mano ”

Siempre fui una mujer inquieta, buscadora, reflexiva. Crecí en un entorno rural, en un pequeño pueblo del sur de Valencia. Allí siguen viviendo mis hermanos y mis padres, a los que tanto quiero y de los que tanto he aprendido. Una de mis primeras opciones como cristiana fue estudiar teología. Con apenas 16 años aquello supuso un conflicto abierto con mi entorno y conmigo misma. Empezaba a experimentar una fuerza mayor que yo (más tarde comprendí que Alguien se había empeñado en entablar una relación de amor conmigo, y utilizó todos lo medios posibles para conseguirme). Por aquel entonces el Evangelio se me volvió una “faca afilada”, un fuego que me quemaba por dentro, que me incomodaba y revolucionaba mi vida. Fueron mis primeros encuentros con el Evangelio como Palabra viva, con autoridad sobre mi vida. Apenas tenía acceso a librerías y devoraba los escasos libros religiosos que llegaban a mis manos, a través del cura de mi pueblo. Las figuras de algunos santos, sobre todo S. Francisco de Asís; las homilías; el grupo de confirmación; y las letras de algunas canciones cristianas... avivaban mis ideales. Pero fue sobre todo Jesús de Nazaret, la relación con El y el intento pequeño y progresivo de ir llevando a la práctica lo que su Palabra me decía, lo que fue complicando y transformando mi vida y mi futuro (y también las expectativas que tenían sobre mí los que me rodeaban). Aquellos fueron años de compromiso en mi parroquia, de aprender a amar a la iglesia y sentirme parte de ella, de crecer en la fe en un entorno popular y tradicional, en el que cada vez experimentaba más la soledad y falta de respuesta a las cuestiones que me planteaba. La vida bullía por mis adentros. La conciencia militante y testimonial me llevaba a aprovechar cualquier oportunidad para expresar mi fe e inquietar a quien tenía enfrente. Manifestar mi deseo de estudiar teología en un instituto público de ambiente bastante anticlerical no sólo conllevó una cierta incomprensión, sino una posibilidad de provocación, debate y diálogo con compañeros y profesores. Mis deseos de cercanía al mundo de los pobres, a los que inevitablemente me llevaba el Evangelio, fue creando una progresiva sensibilidad hacia las situaciones de sufrimiento e injusticia y una afinidad connatural con los interrogantes que planteaba a la iglesia y al mundo la teología de la liberación. Ella, más por intuición que por saber, y la presencia de tantos cristianos y cristianas al lado de los pobres, que llegaban a mi a través de periódicos y televisión (tenía unos radares especiales para captar cualquier noticia, película, documental que me hablasen de Dios, de los pobres, los misioneros, los que entregan su vida ) suponían compañía y aliento.

 Poco a poco, sin saberlo, Él me iba preparando y disponiendo para acoger Su Voluntad, su Plan. Rezar el Padre Nuestro me iba ensanchando por dentro, aumentado en mí la conciencia de fraternidad, de ser hermana de todos, especialmente de los empobrecidos y también la certeza de que mi vida como cristiana se jugaba en estar dispuesta o no a hacer su voluntad. Pensaba para mis adentros: “si intuyo lo que Dios quiere de mí y no estoy dispuesta a decirle que sí, tendré que dejar de rezar el Padre Nuestro....”

Una noche, en la cama, dando vueltas a mi futuro, al igual que hace un niño cuando piensa qué será de mayor, sentí que Él, casi sin pedir permiso, irrumpía en mi habitación y mi vida pidiéndolo todo. Después de pelear y llorar no pude hacer otra cosa que rendirme a Su Amor. Acababa de cumplir 17 años y para entender lo acontecido no tenía otras claves que los relatos vocacionales de los que estaba empapada: Abrahán, Moisés, Jeremías, los apóstoles, María de Nazaret.... Al día siguiente busqué a alguien que me pudiese acompañar, que me ayudase a discernir, pero no lo encontré. Pasaron meses hasta que conocí al delegado diocesano de vocaciones. Él confirmó y alentó mi inquietud vocacional y me habló por primera vez de la Comunidad “Villa Teresita”.

“Donde tú vivas, viviré yo” (Rt 1,16)

Algo así resonaba en mis adentros cuando conocí el barrio Chino de Valencia y en él la presencia de Villa Teresita. Me adentré descalzándome, de la mano de una hermana de comunidad, sabedora de pisar tierra sagrada, tierra de sufrimientos y cruz, tierra preñada también de resurrección. El barrio era un ghetto , un lugar que se rodea para no atravesar. Lugar de pobreza, de la que huele mal, en aquella época las calles desprendían un olor fuerte de miseria concentrada y también a impureza y pecado para cualquier “bien pensante”. Mujeres de todas las edades, de labios pintados y mirada triste, que vendían su cuerpo por muy poco dinero, con historias de sufrimiento y palos a sus espaldas, hijos que mantener y dignidad pisoteada. Personas sin hogar, en su mayoría hombres, desarraigados, sin horizontes, con el cartón de vino o la cerveza al lado. Transexuales que ejercían la prostitución de noche y se sentían arropadas en aquel entorno. Chicos y chicas toxicómanos, desaliñados, deambulando como cadáveres buscando una dosis para calmarse, enfermos de Sida en su mayoría (en diez años el SIDA mató a casi todos los que conocía, ninguno sobrepasaba los 35), chavales que entraban y salían de la cárcel como lo más normal, como único futuro, niñas que quedaban muy pronto embarazadas, niños que pasaban el día en la calle.... Recuerdo “mi primer beso” (al igual que el encuentro de Francisco de Asis) se llamaba Nicolás. Era un cadáver andante. Apenas llegamos a conocernos, porque murió a los pocos días. Besarle a él era besar a todos lo leprosos, a todos los despreciados.... “ante quienes se vuelve el rostro” (Is. 53 ). Su vida, y la de tantos otros iban quedando vinculadas a la mía. Entré en la comunidad de Villa Teresita. No quería estar de paso o ser voluntaria. Quería plantar allí mi vida y mi tienda. Me sentía empujada a ello.

Encarnación.

Hablar desde un lugar, con el corazón lleno de nombres. Intentar no dejar a nadie fuera. Abajarme, descender para poder hacerme hermana de los últimos, los que quedan fuera, los no amados...que ellos y ellas me puedan percibir así. Dejarme acoger, abrazar, afectar por el otro, aprender y educar la mirada, la sensibilidad para no escandalizar a los pequeños. Salir a su encuentro fuera del campamento (Heb 13,12), caminar por terrenos no pisados, en la frontera, mezclarme en la calles, sentarme en una esquina a charlar en lugares donde sé que me “confunden” (sentir sobre mí, la mirada enjuiciadora y también devoradora de algunos hombres que se creen con derecho a comprarte y reducirte a objeto de placer, de consumo). Cuidar cualquier destello de vida que intenta emerger en medio del abatimiento y la oscuridad. No apagar el pábilo vaciante, ni quebrar la caña cascada. Acoger. Dejarme habitar. Compartir sus gustos, escuchar risas y llantos, historias, confidencias, pequeñas alegrías que llegan de otros lugares (hijos que crecen, que estudian, sueñan...) Acompañar. Aprender a esperar, respetar ritmos, tiempos, procesos distintos a los nuestros. Ayudar a ponerse de pie, reivindicar dignidades y derechos, denunciar, reconstruir. Confiar en que el Reino de Dios se gesta desde dentro y desde abajo y crece en lo escondido, en fragilidad y pobreza, en los pesebres de nuestras ciudades.

 El lugar nos configura (si nos dejamos).

La vida cotidiana junto a las chicas, trabajo, comida, ilusiones y desesperanzas, proyectos, luchas, domingos y sábados por la noche, el intento de hacerse familia de los que no la tienen, configura.

El desde dónde es importante. En este “humus”, he bebido y me he empapado de teología: clases, libros, conferencias, cursos..... ¡me sería difícil expresar cuánto debo a la reflexión teológica recibida de otros...! . He ido estudiando teología en itinerancia, como itinerante ha sido mi vida: Madrid, Valencia, Las Palmas de Gran Canaria, y de nuevo Madrid, destinos a los que he sido enviada por mi comunidad. He vivido siempre el estudio como un servicio y un privilegio; ¡cuántos hombres y mujeres, sobre todo mujeres, desearían estudiar teología y no pueden o no se les deja! He intentado no desligar el estudio de la vida, de lo que se cuece en la calle. El Trabajo Social me ha ayudado a ello.

“El Señor me ha dado hermanas ”

Todo lo he vivido en comunidad, junto a otras compañeras que me precedieron y me acogieron en esta familia religiosa. El Instituto de Vida Consagrada “Villa Teresita” nació en 1942 en Pamplona, de la mano de una mujer, Isabel Garbayo. Ella se atrevió a entablar relaciones de amistad con mujeres prostituídas, y buscar alternativas a su situación de exclusión. Ella, al igual que Jesús, vivió la incomprensión de andar en “malas compañías”: relacionarse con ellas, estar a su lado en lugares públicos, comer en la misma mesa, compartir casa,... le llevó a caminar contracorriente, perder “amistades” y ser considerada una “idealista”, una “loca”. Su sensibilidad hacia las situaciones de injusticia y sufrimiento, el deseo de abrir cauces de liberación y su búsqueda de la voluntad de Dios hicieron brotar, contra todo pronóstico de continuidad, la primera comunidad y casa de acogida, la andadura de un grupo de mujeres consagradas a Dios y a los más pobres.

 En esta familia he crecido. He aprendido a celebrar la vida, valorar lo pequeño, leer el paso de Dios en la historia y educar la mirada y el corazón. Escuchar juntas la Palabra de Dios, sentirnos convocadas por Él, compartir la oración cotidiana, el rezo de laudes y vísperas uniéndonos a toda la iglesia, la intercesión por tantos crucificados y también el agradecimiento por los signos de vida, bondad y resurrección que palpamos a nuestro alrededor. Celebrar cada día la eucaristía, la vida entregada del Señor Jesús y comiéndole hacernos comida para tantos hambrientos de este mundo. Aprender a vivirnos como hermanas y hermanos. Estar cerca y hacernos cercanas. Padecer la impotencia. Buscar juntas. Liberar. No ser impasible ni indiferente ante su propia autodestrucción, ante su camino hacia la muerte “estar ahí, como si fuese alguien de los míos”. Si esa chica que está en la esquina rota, prostituida, fuera mi hermana, si ese chico que pide por la calle fuera mi hermano, si me lo creyese y lo sintiera así de verdad ¿reaccionaría de la misma forma? Soportar la pregunta ¿dónde está tu hermano? (Gen 4,9)

Vivir la Pascua, atravesar los viernes los misterios dolorosos en la cárcel de Alcalá- Meco o Soto del Real, en la calle Montera o Ballesta, en la Casa de Campo... Trafico y mercado humano, sueños rotos: mujeres de países del Este vendidas, atrapadas por las mafias, a las que no nos podemos acercar porque están vigiladas; mujeres africanas que no tienen papeles, ni hablan nuestra lengua, con deudas enormes que pagar a las traficantes que las trajeron, mujeres sudamericanas que mantienen a sus familias pobres en su país de origen (casa, colegio, medicamentos y operaciones, hijos, parientes..). Y la Vida brotando en medio y a través del dolor. Pasar el viernes, el sábado, soportar el silencio y esperar en comunidad, vigilantes, el domingo, el triunfo de la Vida. Festejar la vida cotidiana, crear espacios de vida. Las sobremesas en casa junto a las chicas siempre me han parecido las comidas del Reino; sobre todo en Navidad, donde la familia se ensancha: comida para todos y todas, en una única mesa, fraternidad, mendigos, prostitutas, toxicómanos, transexuales, presos, enfermos mentales... sin etiquetas, con sus nombres propios, de todas las naciones y razas. Me recuerda el anticipo de ese festín que esperamos y anhelamos.... (Is 25,6-9) Alentar los pequeños logros: conseguir “los papeles”, el primer sueldo, poder dormir sin miedo, ponerse la dentadura, recuperar la sonrisa, conseguir un permiso carcelario, dejarse abrazar, levantarse sin “mono”, caminar sin miedo por la calle, una mirada que se ilumina, celebrar un cumpleaños... Ofrecer siempre nuevas oportunidades, al igual que hace Dios con nosotros, y entretejer relaciones de fraternidad, incondicionalidad, ternura y misericordia.

Villa Teresita me ha acercado a los grandes maestros de espiritualidad: Teresa del niño Jesús y de la Santa Faz, de ella reciben nombre nuestras casas (la centralidad del Amor; el abandono confiado en el Dios de la misericordia; la vida escondida, la importancia de lo pequeño y los pequeños); S. Juan de la Cruz (sus poesías me han acercado al Amado y alumbrado en las “noches oscuras”); S. Ignacio de Loyola (los Ejercicios Espirituales han sido una de las experiencias más fuertes de mi vida de fe, un tiempo privilegiado para el encuentro con Él, que se me regala cada año; buscar y hallar a Dios en todo; aprender el arte del discernimiento); Sta Teresa de Jesús, S. Francisco.... y también a la historia concreta de santas y santos anónimos, de mujeres y hombres buenos, que van dejando sabor de Dios a su paso. El Señor me ha dado hermanas y también hermanos. Testigos que me preceden y han avivado mi fe, que me han acompañado en el camino de la vida, desde mi abuela que me enseñó mis primera oraciones y me acercó a María, la Madre de Dios, hasta el último teólogo. La reflexión teológica y filosófica me ha ayudado a adentrarme en la vida con toda su espesura, a atravesar mis propias crisis sin tomar atajos, a no construirme sistemas de orden y seguridad que me separen del otro, y del Otro. Ha creado en mí, como si de una matriz se tratara, la posibilidad de gestar y alumbrar lo cotidiano. Con ella, bajo el calor de otros buscadores y buscadoras, me he sentido acompañada en mis planteamientos y también en el intento de abrir nuevos caminos: en la relación con los empobrecidos, la situación de la mujer dentro de la iglesia, el diálogo fe-cultura.... De su mano me he ido adentrando en el conocimiento de un Amor Crucificado, de un Dios que habita nuestra historia y nuestra carne y que a su vez es Misterio. Me es difícil imaginar cómo hubiera sido mi vocación, mi ser cristiana sin la teología recibida. La fe de otros y otras me sostiene, bebo de la fe de la Iglesia. Una Iglesia a la que amo, que me duele (a veces tan lejos de los pobres) y de la que me siento miembro agradecida.

 “Te doy gracias porque has revelado estas cosas a los pequeños “(Mt 10,21)

He saboreado y palpado el Evangelio en la vida (“lo que existía en el principio, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplaron y palparon nuestras manos acerca de la Palabra de Vida” 1Jn 1,1). Soy testigo. He visto viudas que entregaban su óbolo, todo lo que tenían para pasar el mes sólo por compartir, por echar una mano, porque “semos familia”. Mujeres que llevaban años postradas y encorvadas, que pedían a las puertas de las iglesias o de El Corte Inglés y que se han puesto de pie (caminar con ellas por las calles era estar dispuesta a ser parada continuamente y escuchar con alegría de labios de otros “no eras tú la que pedía en la puerta...” y reconocer el milagro). Gerasenos que gritaban y se autolesionaban, que habitaban en los cementerios, en los lugares de muerte, enganchados a la droga y que ahora caminan por las calles vestidos y con palabra, disfrutando de la vida y del brazo de su novia. Madres de toxicómanos solas al pie de la cruz, de la cama de sus hijos rotos, cuando ellas mismas no se sostenían por el dolor y cansancio de la vida. Detrás de cada uno hay nombres, rostros: Japo, Mª Carmen, Carlos (Jose Antonio), Toñi, Joy, Fran, Pesi.... Samaritanos y samaritanas que practican la misericordia anónima, con los vecinos de su portal o su calle allí donde los sacerdotes y levitas pasan de largo. Inmigrante sin papeles que son acogidos, desnudos que son vestidos, presos que son visitados, enfermos y ancianos que son cuidados. (Mt 25)

 Me he sentido enviada a anunciar la Buena Noticia, la liberación (Lc 4, 18 y ss) y ellas y ellos me han humanizado y evangelizado. ¡Cuánto me han enseñado! Y también cuántas veces he salido a la calle, a la cárcel, al hospital.....cansada, sin fuerzas, sólo porque me sentía empujada a anunciar un mensaje que no es mío, y he vuelto renovada, fortalecida, resucitada. Recuerdo una mañana en el barrio chino de Valencia. Era temprano y tenía clase de teología, me había levantado triste, caminaba en tierras de penumbra, vislumbré por la calle, de lejos a Fernando, sucio, lleno de heridas (también yo andaba herida), venía tambaleándose, seguramente no habría dormido en toda la noche, habría estado buscándose la vida y “poniéndose” (llevaba muchos años enganchado). Fernando estaba muy desquiciado, había pasado los últimos quince años de su vida preso. Parecía que no me veía (yo estaba segura de que no me veía), de repente se acercó a mí, cogió con sus manos mi cara y me besó la frente ¡no quiero verte así!- me dijo y siguió dando tumbos por la calle.... ¡Cuántas veces Dios ha salido a mi encuentro a través de ellos! ¡Cuántas veces me han sostenido!

Da mucha alegría saber que los pequeños, los sufridos, los empobrecidos, tienen preferencia en el Reino, que las prostitutas y publicanos nos preceden (creo que vamos a tener muchas amigas y amigos allá que nos abrirán las puertas....)

He sido perdonada y salvada por pura misericordia!, no puedo más que agradecer. Sumergirse en el mundo de los empobrecidos es reconocer que no tenemos derechos adquiridos sobre nada, ni nadie. Reconocer lo recibido gratis para darlo gratis, para poner todo en juego y hacer este mundo más habitable, más humano. Nada de lo que nos parece obvio lo es para la mayor parte de las criaturas de este mundo. Estar viva y despertarme cada mañana (la esperanza media de vida en Swazilandia, un pequeño país de África minado por el Sida, es de 32,62 años.) Tener un techo, ducha caliente, comida cada día, una cama donde poder dormir tranquila sin miedo a que nadie me agreda, poder leer y escribir, recibir asistencia sanitaria cuando no me encuentro bien, tener una familia, alguien que me escuche, me espere y le importe que siga viva, alguien que me ame....

Con María de Nazaret me alegro y canto la grandeza de un Dios que se revela y se complace en los pequeños. Que hace obras grandes, aunque es de noche. Millones de hijos e hijas de Dios andan a la deriva, víctimas del hambre, las guerras, las enfermedades, la miseria.... Canto al Dios de la historia y Señor de la Vida, con la confianza de que el mal no tiene la última palabra. Espero un cielo nuevo y una tierra nueva (Ap 21) en que habite la justicia, sin muerte, ni llanto, ni gritos, ni fatiga. Y espero poniendo mi vida en juego, diciendo con temor y temblor “Aquí estoy para hacer tu voluntad”. Buscar Su Voluntad ha sido el hilo conductor durante todos estos años, intentar responder a lo que intuyo que Dios quiere de mi.

“Aprendiendo a obedecer”

Darle paso a través de mi vida ,de mi cuerpo, en este momento histórico que me ha tocado vivir. Consentir a lo que El quiera. Caminar a la intemperie, no buscar asegurarme provisiones, sólo pedir el pan de cada día, confiar como una niña pequeña. Dejarme sorprender. Vivir en discernimiento, acogiendo su Providencia. Alegrarme, con una alegría que se me regala y que nadie me puede quitar (Mt 16,22) Cuidar la relación con Él. Dejarme habitar. Buscar tiempos de soledad y silencio, espacios y momentos de intimidad. Los necesito. Ni la teología ni nada sustituye al acto de fe, único, vital, el “cara a cara” con Dios. Despertarme por las mañanas y ponerme de rodillas ante Su presencia. Acostarme por las noches descansando en Él mi vida entera, y la de todas las personas que amo, también aquellas que debería amar más (preocupaciones, luchas, inquietudes, deseos...) confiada al saber que estoy en Sus manos y que Él lleva las riendas y transformará todo en bien y bondad, incluidas nuestras torpezas y pecados. Estar vigilante, ser lúcida para no “adorar” a los dioses de este mundo, para no dejar que el neoliberalismo (para el que sobran tantas vidas y países enteros) se adueñe de mi estilo de vida y me atrofie el corazón. Hacerme comestible. Eucaristía. Morir para que otros tengan vida. Pasar al igual que Jesús, haciendo el bien. Aprendiendo a obedecer. Aprendiendo a ser pobre, casta y obediente. Profeso votos desde hace 14 años y sólo puedo decir que Su amor es un don inmerecido y que en esta alianza nuestra, Él es fiel. Esa es mi confianza. Poco a poco me va haciendo suya y poco a poco Él va siendo más, mi Señor y el amor de mi vida.

Tú pides, pides siempre, pides mucho, Señor. Lo pides todo. Te gusta ir entrando, como un fuego, vida adentro de aquellos que te aman y abrasarles las horas, los derechos, el juicio. Tú haces los eunucos y los locos del Reino. Abusas del amor de los que son capaces de abusar de tu Amor... Delante de tu Gloria. Amor celoso, no hay más gesto posible que descalzar el alma. Tú eres. Tú nos haces. Calcinándonos, El Viento de tus llamas nos liberta. Tú nos amas primero, en todo caso. (Pedro Casaldáliga)

Que es Villa Teresita

El encuentro y la relación de amistad con mujeres prostituidas, la sensibilidad ante las situaciones de injusticia y sufrimiento, la búsqueda de la voluntad de Dios hicieron brotar en 1942 la primera comunidad y casa de acogida de Villa Teresita de la mano de una mujer, Isabel Garbayo. Ella, al igual que Jesús, vivió la incomprensión por andar en “malas compañías”, relacionarse con ellas, estar a su lado en lugares públicos, plantear alternativas, comer en la misma mesa, ... le llevó a caminar contracorriente, perder “amistades” y ser considerada como una “loca”, una “idealista”. Isabel Garbayo, mujer de Evangelio, abrió cauces de liberación entre las mujeres prostituidas, viendo en ellas a las más pobres, no sólo por su situación de necesidad, sino por ver rota su dignidad como personas.

¿Quiénes somos?

Somos una comunidad de mujeres consagradas que seguimos a Jesús de Nazaret e intentamos vivir con radicalidad el Evangelio entre los pobres y excluidos, inmersas en el mundo de la prostitución. Nuestra vida y misión se desarrolla en los barrios y lugares donde se ejerce la prostitución y en las casas de acogida para mujeres con problemas de exclusión.

 ¿Porqué desde los pobres?

Porque la encarnación nos lleva a vivir desde abajo. Desde ahí todo cambia. Por eso es necesario que nos revisemos y preguntemos continuamente ¿Dónde estamos? ¿Desde dónde actuamos, rezamos, pensamos, amamos...?, ¿Dónde se situó Jesús?, ¿Dónde nació y murió?, ¿Con qué gente se relacionaba?, ¿Con quién compartía la mesa?, ¿A quién llamó Benditos y Bienaventurados? Nuestra vida es una andadura liberadora junto a ellas y ellos, en su medio, en los lugares donde se mueven. Igual que Jesús recorría los caminos, las ciudades, y los pueblos aliviando sufrimiento, expulsando demonios, dando vida entre hambrientos, leprosos y prostitutas, así también nosotras recorremos las calles, los “guettos”, las cárceles, los hospitales, los clubs... ;Creando lazos de fraternidad; haciendo brotar la vida y la esperanza; ayudando a salir de las situaciones de esclavitud: prostitución, droga, prisión,... ; Acompañando en los procesos de búsqueda: vivienda, trabajo, cultura,..... Luchando contra estructuras que están generando injusticia y compartiendo como una gran familia los momentos de dolor y de fiesta. Algunas experiencias vividas en relación al mundo de la exclusión Las personas con las que nos relacionamos están en el peldaño último de nuestra sociedad: viven en la calle, con todo lo que eso conlleva, no suelen tener apoyos familiares y sobreviven sin esperanza y sin futuro. Lo primero y más importante es acercarnos como lo que son: hombres y mujeres, criaturas de Dios. Parece obvio pero no lo es, están acostumbradas a ser tratadas como basura, a ser miradas con desprecio. Entablar con ellas relaciones de tú a tú, provoca un dinamismo que hace brotar lo mejor de las dos partes. No deja de sorprendernos la riqueza que se esconde detrás de cada persona. Es necesario que nos dejemos interpelar, evangelizar y sepamos aprender de todo lo que Dios nos va manifestando. “El encuentro con Esther cambió mi mirada. Tenía mis años y estaba cansada de vivir. Había tenido que “buscarse la vida” desde pequeña, primero aprendiendo todo tipo de artimañas para esconder la droga y avisar a su madre que traficaba en la esquina, cada vez que aparecían por el barrio “los maderos” o “la secreta”. Creció en la calle y “mamó” la injusticia, no podía vivir como cualquier niña de su edad. Aprendió a sobrevivir demasiado pronto No tardó en llegar su primera experiencia con la droga , la primera noche en comisaria. y el eslabón último en el descenso hacia la muerte: la cárcel. Allí afianzó y consolidó sus conocimientos delictivos, y se montó definitivamente en el “caballo”. ¿Qué decir del trato deshumanizado, del tráfico interno, de las horas en el patio interminables...? ¿Rehabilitación?,¿ reinserción.? ¡Palabras!. Al salir volvió al “chino”. Allí estaban sus raíces y su gente. Se encontraba en un ambiente conocido en el que era alguien. Existía. Tuvo que prostituirse para mantener su consumo y poco apoco fue perdiendo casi todo. Se convirtió en un objeto de usar y tirar, en parte de la basura del ambiente. Cuando al cabo de año y medio nos volvimos a encontrar me impresiono su rostro y su deteriorado cuerpo. Estaba allí, apoyada en la pared, con pocas fuerzas para tenerse en pie, con los brazos y piernas repletos de accesos. Parecía más muerta que viva. Sólo destacaban sus preciosos ojos que aún esbozaban ternura. Después nos tomamos un café en uno de los bares que ella frecuentaba. Apoyada en la barra me comentó que le quedaba poco tiempo de vida (“el bicho” como decía ella la estaba matando ) y necesitaba sentirse acompañada. Nos separamos. La vi por última vez en el hospital, estaba sola en una habitación, sin familia, sin visitas... Fui a verla todos los días.. La lloré como a alguien de los míos. Al entierro sólo acudimos dos chicas del barrio, un travesti y yo. Fue de beneficencia, en una fosa común. El encuentro con Esther cambió mi mirada.. Su vida transformaba la mía. ¿Está Dios en el mundo de exclusión? Dios se manifiesta especialmente en medio de los pobres, los rotos, los pequeños... nosotras somos conscientes de ello, por eso nos sentimos privilegiadas, sabedoras de pisar “tierra sagrada” de estar en contacto con el Dios vivo. El Dios encarnado en la historia. Quien rechaza al excluido rechaza a Dios. “A los 14 años salió de casa, en un pueblo de Andalucía, trabajó en lo que pudo y supo. Hace siete años apareció por nuestra casa. Todas las tardes venía y se sentaba en silencio. Quería a los demás y se sentía querido por ellos. Comenzó a participar en las eucaristías semanales y posteriormente en un grupo de oración. Dios la fue madurando. Su padre le abandonó cuando era niño, desde ese momento no ha sabido lo que es un abrazo, una caricia, una muestra de afecto gratuita. Muy pronto comenzó su peregrinar por barrios de prostitución. Bajó a los abismos de lo humano. En su interior un drama: ”He hecho siempre lo que no he querido hacer. He vivido donde no hubiese querido vivir”.. Externamente era un despojo humano, pero al abrirnos su interior nos decía: “Siempre he confiado en Dios, le he experimentado muy cercano en mi vida. Cuando por las noches me acuesto, le rezo. ES el momento del día en que mas querido me siento, y le digo Padre, llévame contigo, déjame descansar ya. “ ¿Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis! (Mt 10. 8) La Buena Noticia nos lleva a compartir lo que somos y tenemos, sin medir, sin llevar cuentas, sin privatizar lo que es de todos. Aportamos algo aparentemente insignificante, pequeño, pero ¿no habla el Evangelio del poder transformador del trocito de levadura, de la pizca de sal, del óvolo de la viuda, del grano de mostaza...? Él nos enseña a vivir en gratuidad. Con criterios de eficacia podríamos preguntarnos de que sirvió la vida de Jesús, su amor extremo a la humanidad. Solo tenemos una vida para poner en juego y los cristianos no podemos reservárnosla. Como dice el autor: “No tenemos en nuestras manos las soluciones para los problemas del mundo, pero frente a los problemas del mundo tenemos nuestras manos” Lo que llevamos entre manos no es nuestro, es el Dios providente quien nos ha llamado y empuja la historia hacia su plenitud. ¿No hemos visto y palpado la resurrección en nuestra gente y en nuestras propias carnes? Testigo de esto somos.

¿Qué relación debe haber entre la Comunidad Cristiana y el mundo de la marginación?

Una relación de fraternidad. El mundo de la exclusión no solo necesita la “caridad”, los “diezmos”, las “colectas”; necesita del encuentro entre hermanos. Si lo sintiéramos realmente así, si de verdad nos creyéramos que esa persona: prostituta, drogadicta, inmigrante, presa, la que vive en África... es de mi familia, ¿nos quedaríamos indiferentes? ¿se nos conmoverían las entrañas? Seguro que buscaríamos alternativas, cambiaríamos nuestro estilo de vida (que es consecuencia inevitable de todo verdadero encuentro con el empobrecido), cambiaríamos nuestras estructuras, horarios, lenguajes, liturgias... Como iglesia no podemos callar ni comulgar con las situaciones de injusticia a nuestros hermanos. No podemos llamar a Dios Padre/Madre... y quedarnos tan anchos.

Inma

Francisco

Francisco

Francisco, qué decir de él. Es todo un personaje. Cuando llegué a este barrio en octubre de 2.006, lo ví varias veces en el centro social y tenía muchas ganas de hablar con él porque me parecía como bien he dicho antes un auténtico personaje. Coleta, barba blanca y muy larga, cara delgada y hundida como si fuese heroinómano, pero sus ojos no reflejaban dependencia a la heroína. Algo se me escapaba, pero no sabía realmente qué era. El tiempo fue pasando y ya por fin, se produjo ese encuentro entre los dos. En el momento de la presentación le pregunto su nombre y me responde: “Bin Laden”; mi reacción fue una carcajada y es que el nombre le pega con su aspecto físico. Francisco, me dijo. Mientras hablábamos, notaba que estaba un poco volado, pero debajo de todo se le notaba muy buena persona. Desde ese momento he hablado infinidad de veces con él. Cuando nos encontramos le sorprende que le llame por su nombre, porque Francisco sólo le llamaba su madre y sé que a él le hace ilusión que yo también le llame así, porque cuando lo hago, una sonrisa se refleja en su cara.

 El domingo 04/02, me sorprendió. Me bajé un momento a la calle a preguntar por un chico al que habían apuñalado la noche anterior. Al verme me dijo que quería comentarme una cosa. Al terminar se me queda mirando y me pregunta: “¿qué día es hoy?”. Domingo, le respondí. Me vuelve a preguntar: “¿qué haces hoy aquí? Hoy debes descansar”. Le sonreí y le agradecí ese bonito detalle.

El viernes mientras iba con Camilo por el barrio, nos encontramos con Francisco. Cuando nos despedimos de él, Camilo me comenta que le llamaba la atención la mirada limpia de Francisco. ¡MIRADA LIMPIA! Qué forma de mirar y de hilar tan fino. A mí se me había escapado porque siempre le había visto una mirada muy viva, pero una mirada pilla. Hoy domingo 11, volví a tener otro encuentro con él. Fuimos a ver a una vecina suya por la que él está preocupado y la cual necesita a una persona para que viva con ella. Cuando íbamos de camino me contaba cosas de su vida. Heroinómano durante más de 20 años, la dejó a pelo y ahora consume de vez en cuando alguna piedra de coca. Cuando le miraba podía ver su ¡Mirada limpia!, y hoy sí que tenía un brillo especial. Y como quién no quiere la cosa, me volvió a decir: “Jesucristo dijo que los domingos había que descansar y tú hoy te lo has saltado a la torera. Lo que deberías estar haciendo en estos momentos es ver una película que te guste, leer un libro y lo que haces, es pringarte los domingos por los demás”. Pensé, ojalá pudiese trabajar un poquito más por los demás y a la vez caí en la cuenta que era la segunda vez que Francisco me decía que tenía que descansar los domingos. Esta preocupación de Francisco por mi descanso, me recuerda bastante a la preocupación de Jesús por el descanso de sus discípulos, cuando venían de recorrer los caminos y curar a tanta gente enferma, y se los llevaba a un sitio apartado de todo ruido.

Esas paradas en el camino, en nuestra vida, son los momentos de oración donde descansamos todo en Él, y bebemos de Él nuestra Fuente, para continuar caminando con nuestros hermanos y hermanas más sencillos y humildes. El Evangelio de hoy habla de las Bienaventuranzas y Francisco sí que es un bienaventurado ¿y por qué lo sé? Por dos sencillas y grandes razones, porque Dios se ha fijado en él y lo ama con locura y la otra porque él dice que la gente le llama tonto porque es capaz de compadecerse de otros y él a esto responde: “ tonto pero feliz”.

 Geña. Valencia 11/02/07

Carmen

CARMEN LA CANARIA.

 
           Realmente no sé cómo empezar a redactar el hecho que me ocurrió hoy con Carmen la canaria, mi paisana. Esta mañana nos reunimos en el Centro Cinta, Noelia, Merche y yo, para coordinar el trabajo, para ir viendo alternativas a las demandas de tantas personas que se acercan a nuestra puerta pidiendo ayuda. Terminada la reunión, le propongo a Noelia salir al barrio a buscar a las chicas africanas para ofertarles las clases de español. Después de alguna vuelta y ya de regreso, nos tropezamos con Carmen. Si algo me sorprende de ella, es su buen talante, su expresión de alegría con toda persona que pasa a su lado. A veces llego a pensar si eso es algo característico que tenemos nosotros los canarios, porque ella teniendo motivos para no sonreír, hace todo lo contrario. Después de comentar su problema, la situación por la que está pasando, viviendo desde hace cinco años en el bajo de un edificio, sin condiciones mínimas de higiene, entre ratones, humedad, frío, con su marido enfermo y a punto de echarles a la calle por la venta del edificio, nos comenta: “A ver si el FLAQUITO (como ella llama a Jesús de Nazaret), se acuerda de nosotros. Él es lo más grande que tengo en mi vida. Yo lo adoro”. Repetía esto una y otra vez, y ya no sólo era la convicción con la que lo decía, sino cómo le cambiaba su cara, se volvía serena, sus ojos se llenaban de brillo, su cara era la expresión de una mujer enamorada y a la vez correspondida con un amor sin límites, un amor que le da fuerzas para continuar caminando y esperando, un amor misericordioso, generoso y gratuíto. “Yo sé que el FLAQUITO me escucha, pero tengo que ser paciente, porque me lo dará cuando llegue el momento y no cuando yo quiera” decía la canaria. “Si Tú confías en Él, todo lo puedes, porque Él te da todo lo que necesitas, pero si no confías no eres digna de Él”. Y ya por último nos decía: “yo no tengo ningún derecho a quejarme, si hay gente que está mucho peor que yo, ciegos, enfermos, gente que vive sola, y yo tengo a lo más grande de mi vida conmigo”. Ante todo esto, sólo se me ocurría pensar qué fe la de Carmen, y ojalá pudiese yo tener la mitad de la de ella. El Evangelio de hoy comienza así: “Jesús recorría las aldeas enseñando.” Él recorría hoy nuestro barrio y salió a mi encuentro a través de Carmen. Ella ungida hoy con el aceite de la esperanza y del amor, quiso compartir ese gran regalo conmigo, siendo ella la que me ungía con esos dones que Dios ha puesto en su vida.
Geña Valencia 01/02/07
 

Las prostitutas nos precederán....

Comentando estas Palabras de Jesús con una amiga prostituta, me decía: "La prostituta sufre y aguanta mucho, por eso Jesús estuvo cerca... Siempre he hecho lo que no he querido hacer, he vivido donde no hubiese querido vivir... al final acabas creyendo que no vales, que no hay salida, que tu vida no importa para nadie... Tengo siempre presente al Señor, antes de salir "a buscarse la vida" y después al llegar, Él es el único que me puede comprender y perdonar, el que me da fuerzas y coraje para seguir adelante".
 
 Hoy siguen siendo provocadoras las Palabras del Evangelio. No son letra muerta, son Buena Noticia. La experiencia y vida a lo largo de 60 años de hacer camino junto a ellas y abrir cauces de liberación en Villa Teresita, compartiendo techo, mesa, sufrimiento, luchas y alegrías, así nos lo demuestran. Ellas nos precederán en el Reino..., si no ¡Qué le pregunten a Ana! Que con 35 años, pasa horas y horas en la calle con la cara maquillada y la mirada triste, con historias acumuladas de maltratos, abusos... y personas que le recuerdan a diario que no sirve para nada. ¡Qué le pregunten qué le ilusiona! ¡Si es fácil su vida! Que se lo digan a Tessy, que con 21 años cruzó el estrecho soñando una vida mejor, que llegó sin papeles, sin conocer la lengua, con una deuda pendiente con la mafia y un "trabajo" en el club, que ya no aguanta más. ¡Qué le pregunten si esta era la tierra prometida que soñaba ¡ Que se lo digan a Viqui que lleva enganchada desde los 15 años, que ahora con 26 no tiene ganas de vivir, que ha estado 5 años en la cárcel y aún tiene causas pendientes... ¡Qué le pregunten como ve su futuro! ¿Qué espera en la vida?
 
Ellas van por delante... y esto es motivo de alegría para los que soñamos unos cielos nuevos y una tierra nueva en que habite la justicia, para los empobrecidos, los sufridos, los que lloran, los oprimidos, los pequeños, (Mt 5, 1- 12; Mt 11, 25-27, 1Co,1, 27-29). Y a la vez, es denuncia a los que se creen puros, perfectos, los que creen tener "las llaves de entrada en el Reino"; denuncia a una sociedad que trafica con su sufrimiento, con sus necesidades económicas, con su sueño de felicidad, que ampara la vejación y esclavitud, que comercia con su cuerpo y trafica con su persona.

Y la palabra se hizo carne...

"Y la palabra se hizo carne".Ahí encarnado en tantos hermanos y hermanas rotos por lo largo y ancho del mundo, está nuestro Dios. Parate y escucha. Mira a tu alrededor. Hacen falta, nuevas miradas, nuevas lecturas de nuestro mundo que sepan dar respuestas creativas y creadoras. No ahogues las tuyas.

Desde la ventana de esta pequeña habitación, aquí sentada mientras escribo llegan los gritos de la calle; peleas, chillidos, músicas multiculturales ...

Muchedumbre de mujeres y hombres enganchados a la droga, prostituidos, sin techo, sin papeles, sin familia, sin futuro... multitud de hermanos maltrechos, rotos, vejados y abatidos. El murmullo no cesa convirtiéndose por momentos en clamor: El clamor de los israelitas ha llegado hasta mi y he visto la opresión con que los egipcios los afligen (Ex. 3,9). Y el clamor continua, recorre la historia y emerge hoy en nuestras calles. está presente. La suya, la voz de es@s herman@s, excluidos, marginados, silenciados,.... es la voz de Dios. Es el Dios de la vida que nos interpela y todo el que lo escucha, escucha la Palabra "Y la palabra se hizo carne". Ahí encarnado en tantos hermanos y hermanas rotos por lo largo y ancho del mundo, está nuestro Dios. Amig@, Herman@, PARATE Y ESCUCHA. Mira a tu alrededor; hambre migraciones, guerras. Mira, personas que venden su cuerpo y su dignidad por una dosis de droga, mujeres y niños traficados y vendidos para el placer de unos cuantos. Mira, deshechos humanos durmiendo en las aceras, enfermos sin otra medicina que una caja de vino y sin más cariño y calor que el del suelo y unos cartones. MIRA........ ¿Oyes su clamor? Pues, no te quedes parado, todo cambio encuentra en ese clamor su sentido. Y Su pregunta nos apremia ¿A quién enviaré? ¿Quién irá en mi nombre? Se necesitan mujeres y hombres que se sumerjan en los infiernos de lo humano, que se adentren en debilidad en los bajos fondos de nuestras ciudades. Se necesitan sanadores heridos, hermanos entre hermanos. Mujeres y hombres que echen aceite en las heridas, que ofrezcan una palabra de aliento, que rompan cadenas, que se abajen para levantar de los sepulcros, que compartan el pan y el vino de la vida. Mujeres y hombres que sean escucha, caricia, acogida, abrazo; que con su amor y entrega a los pequeños engendren una nueva esperanza y alegría de vivir. Hacen falta, nuevas miradas, nuevas lecturas de nuestro mundo que sepan dar respuestas creativas y creadoras. No ahogues las tuyas.

Entrevista "todos uno"

Dependiendo del lugar desde el que vivas la fe te irás constituyendo seguidor de Jesús: ¿Cómo se va entendiendo el Evangelio junto a prostitutas, gente excluída y empobrecida? Inmaculada: Pienso que el desde dónde es clave. Sólo se puede entender el Evangelio desde abajo, desde los pobres y excluidos, sólo así podremos construir fraternidad sin dejar fuera a nadie y ese es el sueño del Padre, que nos vivamos como hermanos. Esto no quiere decir que todos estemos inmersos en el mundo de la marginación sino que nuestra forma de vivir, de mirar y entender el mundo, nuestra lucha cotidiana y sensibilidad se vayan configurando sin ser ajenos ni indiferentes a los más pequeños, los empobrecidos, los últimos. ¿Por qué? porque fue el desde dónde de Jesús de Nazaret. 

Si por un momento te hicieras portavoz de todos ellos ¿Qué crees que nos dirían a todos los cristianos? Inmaculada: Yo no soy quien para ser portavoz. Le he preguntado a una de una de las chicas con las que vivo para que sea su voz la que nos hable ( ella ha estado muchos años en la calle y en la cárcel) dice así: “ si Dios es amor, eso es lo que tenéis que reflejar para que no quede en mentira el mensaje.....y sobre todo dejar tanto gasto superfluo dedicado al mantenimiento de las joyas de los templos, adornos, boato...... y dedicar el dinero a los pobres.” : ¿Cuál es el obstáculo mayor en el momento actual de la iglesia para ir alcanzando la unidad de una iglesia cuerpo y pueblo de Dios? Inmaculada: Creo que en estos momentos uno de los mayores obstáculos es el miedo que paraliza nuestro caminar. El miedo hacia “afuera” y hacia “dentro”. Hacia el exterior nos “parapeta” impidiendo el dialogo con nuestro mundo defendiéndonos con posturas muy dogmáticas y conservadoras, como si la realidad no estuviera “preñada” ya de Vida. Y hacia el interior nos lleva a querer controlar todo, impidiendo a veces que brote lo nuevo y percibiendo como “amenazador” lo que “no venga de Roma”.


 

 

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